La resistencia a la insulina -también conocida como resistencia insulínica o insulinorresistencia- es una condición en la cual los tejidos presentan una respuesta disminuida para disponer de la glucosa circulante ante la acción de la insulina en especial el hígado, el músculo esquelético, el tejido adiposo y el cerebro. Esta alteración en conjunto con la deficiencia de producción de insulina por el páncreas puede conducir después de algún tiempo al desarrollo de una diabetes mellitus tipo 2.
En términos epidemiológicos, el principal condicionante de la resistencia a la insulina es la occidentalización del estilo de vida, definida por el incremento de la ingestión de carbohidratos refinados y de grasas insaturadas de origen vegetal como aceites de canola, soya, girasol y otros, la reducción de la actividad física y el estrés crónico. Estos hábitos menos saludables conducen a sujetos metabólicamente obesos pese a tener un IMC (índice de Masa Corporal) tan sólo catalogable de sobrepeso
Aunque la resistencia a la insulina es un proceso multifactorial que involucra tanto factores genéticos como factores adquiridos, cuenta con una serie de factores de riesgo que pueden predisponer a un individuo a desarrollar esta patología.
La resistencia a la insulina aumenta la lipolisis de los adipocitos y la circulación de ácidos grasos libres, disminuyendo el almacenamiento de glucógeno hepático, lo cual promueve la gluconeogénesis.
La resistencia a la insulina sistémica induce un aumento de secreción de insulina, lo cual aumenta la lipogénesis de novo por parte del hígado se acumula grasa en el hígado y aumenta la cantidad de lipoproteínas de baja densidad circulante. Aumenta la grasa en el tejido adiposo periférico, cuya capacidad de almacenaje está disminuída.
La lipotoxicidad altera la señalización de la insulina induce daño oxidativo promueve inflamación y fibrosis, lo cual afecta el funcionamiento del hígado desde una simple estenosis hepática hasta una fibrosis o carcinoma.
La MATARIQUE COMúN-RAíZ (Psacalium peltatum (Kunth) Cass.) se indica para tratar la diabetes. Esta planta contiene aceite esencial, alcaloides, taninos, resina y glucósidos.
La CAÑA FíSTULA (Cassia fistula L.) contiene derivados antraquinónicos en pequeñas proporciones, también contienen antraquinonas libres entre las que destacan el estigmasterol y el triptófano. Alivia infecciones en las vías urinarias, derrame biliar, varicela e incluso, la diabetes.
Científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) desarrolló un té de hojas del árbol de "GUARUMO" (Cecropia peltata L.), para el control de la diabetes, pues la ancestral planta tiene un efecto notorio en la regulación de los niveles de AZÚCAR en la sangre al inhibir la producción de glucosa en el hígado en estado de ayuno.
(Fuente: https://www.dimebeneficios.com/para-que-sirve-la-cana-fistola/)
SOLUCIóN DE PERMANGANATO DE POTASIO
ACEITES DE:
ORéGANO (Origanum vulgare L. 1753 var. dot)
ENCINO BLANCO (Quercus rugosa Nee.)
SELLO DE ORO (Hydrastis canadensis L.)
MIRRA (Commiphora myrrha Arn. 1964)
AJO (Allium sativum L.)
SULFATO DE GLUCOSAMINA
SULFATO DE CONDROITíN
CARTíLAGO DE TIBURóN
VITAMINA C (ácido ascórbico)
ACEITE DE ONAGRA (Oenothera biennis L.)
PEPINO DE MAR
ZINC (Citrato de Zinc)
MANGANESO (Aspartato de manganeso)
CEREZA-FRUTO (Prunus avium L.)
LECHE DE SOYA
ACEITILLA DE AGUA-HOJAS (Bidens beckii Torr. ex Spreng.)
TORONJIL-HOJAS (Melissa officinalis, L.)
LAUREL COMúN-HOJAS (Laurus nobilis, L.)
LúPULO-HOJAS (Humulus lupulus L.)
GATUñA-RAíZ (Ononis spinosa, L.)
ZANAHORIA BASTARDA-RAíZ (Echinophora spinosa, L.)
TOMATERA-PLANTA (Solanum lycopersicum, L.)
VERBENA COMúN-HOJAS (Verbena officinalis, L.)